Los retos de la Inteligencia Artificial (AI)

Ya estoy preparando contenidos para el próximo curso y hoy voy a hacer un artículo sobre uno de los temas que más gustaron este año en una de mis asignaturas: los nuevos avances en Inteligencia Artificial (AI) y que lo implica para nosotros.

La tecnología va dando pasos de gigante para facilitarnos la vida y cada vez, de modo casi invisible, van surgiendo nuevos sistemas computacionales que imitan el comportamiento humano. Tenemos asistentes virtuales de voz en los móviles y ordenadores: SIRI, Cortana; biometría informática con la detección facial y reconocimiento del iris; los agentes virtuales que nos ayudan a aprender idiomas como PARLA o LiLy e incluso personal “shopper” virtuales que nos aconsejan en las compras. Es decir, la AI ya está en “nuestra casa”. Esta capacidad de pensar o de actuar con lógica casi humana nos deja con la boca abierta y más si pensamos en sus implicaciones en las relaciones sociales y en el aprendizaje.

Para introducir el tema vimos la película HER, una película de Spike Jonce en la que un escritor desarrolla una relación amorosa con un sistema operativo de su ordenador, una intuitiva y sensible entidad llamada Samantha. El autor llega a incorporar a Samantha a su vida como si se tratara de una novia real, llevándola con sus amigos, haciéndole partícipe de sus sueños, la incorpora como ayudante en su trabajo e incluso tiene sexo virtual con ella.

El debate surgió y algunas las preguntas a las que tuvimos que responder fueron: Como pedagogo/a ¿en qué aspectos tendría que evolucionar Samantha para ser más humana? ¿Es necesario tener un cuerpo para mantener una relación con una persona? ¿Habría que marcar límites a la Inteligencia Artificial? ¿Cómo podría apoyar la AI al aprendizaje?

Fue un tema que creo que se nos quedó corto para sólo una sesión pero que nos hizo reflexionar bastante sobre nuestro presente y nuestro futuro.

Foto: alumnos de la asignatura Sociedad Digital y Visual de la UB

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Somos la Generación “selfie”

Hoy voy a hablar de una asignatura fantástica que tengo la suerte de impartir: Sociedad Digital y visual.

Me gusta especialmente esta asignatura por muchas razones. Sobre todo porque podemos explorar los retos que nos plantea nuestra sociedad hipertecnológica y hacernos interesantes preguntas. Uno de los temas que vimos en clase es que somos la generación “selfie”. ¿Quién no se hace un “selfie” hoy en día y la cuelga en whatsapp y en las redes sociales? Con los amigos, solos en un lugar determinado o con alguna persona a la que respetamos en particular. Pero la pregunta interesante, al menos para mí es: ¿ Es la generación “selfie” una generación narcisista?

Estuvimos revisando este tema en clase, a través de un debate. Con el culto a la imagen de nuestra sociedad y la necesidad de acumular “likes” constantemente, ¿qué imagen nuestra vendemos? ¿por qué lo hacemos? ¿Qué necesitamos?

Curiosamente, algo tan automático como “postear” una foto se convierte en algo diferente cuando analizamos el porqué o cuando le preguntamos a alguien qué imagen damos y si concuerda con la que queremos dar.

Durante el debate observamos la importancia que concedemos a la opinión que tienen los demás de nosotros. Sobre todo concluimos que tenemos que transmitir una imagen de vida feliz y de exclusividad, porque esto es lo que genera admiración e influencia entre el resto.  Queremos que los demás nos admiren, nos vean, nos reconozcan. Posiblemente porque nosotros no podemos vernos, ni valorarnos personalmente y necesitamos que los demás lo hagan por nosotros.

¿Somos una generación narcisista? Concluimos que sí.  Y para muestra un botón. Al acabar la clase nos hicimos todos un selfie.