Experimentar, probar, equivocarse

Jordi haciendo una exposiciónDesde hace tiempo soy profesora de idiomas, he dado clases de inglés, danés y ruso. Y todas ellas tenían algo en común. A diferencia de otras asignaturas, en las que los alumnos están interesados en el contenido en sí, en las lenguas extranjeras lo importante no es el contenido, sino todo el proceso de aprendizaje que permite ir expresándonos en otra lengua. Porque, ¿qué es el inglés o el ruso? ¿Es algo definido, tangible, acotado?… Es aprender a crear el armazón, la estructura, familiarizarnos con el vocabulario para poder intuir el significado de otras palabras y sacar el significado del contexto.

Creo que es por esto por lo que me gusta tanto dar clases de lenguas extranjeras. Porque lo importante es el proceso, no el fin.

Desde algún tiempo he comprobado que los alumnos quieren unas clases dinámicas donde experimentar el inglés. Por experimentar quiero decir poner en práctica y ver qué pasa con todas esas expresiones que utilizan cuando se comunican, ¿encajan bien? ¿Me falta vocabulario? ¿Se entiende bien lo que quiero decir?

En las clases de este trimestre de nivel intermedio he tenido la suerte de tener dos grupos fantásticos, uno en septiembre y otro en noviembre. ¡Madre mía menudo potencial tenía las clases! Gente con recursos, con experiencia, con conocimientos, con capacidades. La verdad es que los primeros días estaba un poco intimidada. Pensé que realmente tendría que darles algo bueno para que no se marcharan de la clase.

Curiosamente los profesores solemos enfocar estas clases desaprovechando todo el potencial que existe en la clase: hacemos gramática, vocabulario y ejercicios escritos en el 80% del tiempo de las clases cuando el principal ejercicio que necesitan hacer los alumnos es ¡practicar, probar y equivocarse! Y después entre todos buscar otras opciones de expresión que sean más genuinas.

Entiendo las clases de lenguas extranjeras como clases de comunicación pura y dura. En que no sólo se deben aprender diferentes estrategias de comunicación, sino también a ponerlas en situación, en su contexto. Es decir practicar el idioma según los diferentes contextos que van surgiendo en relación a los temas que les interesan. Y sobre todo el sistema para mí es “Inmersión total”. No existen conversaciones entre nativos adaptadas a principiantes, no hay artículos “reales” para aprendices de idioma. Existen noticias, conversaciones, peticiones, entrevistas más complejas o más difíciles pero ante ambas nos tendremos que enfrentar en la vida real sea nuestro nivel de idioma mejor o peor.

Les envío desde aquí un abrazo a todos mis alumnos de inglés por ser tan luchadores, tan valientes, por querer lo mejor para ellos, por querer avanzar y no rendirse. Y por tener paciencia conmigo y ayudarme a mejorar mis clases. ¡Conseguiréis lo que os propondréis, no tengo duda!

Imagen: Jordi haciendo una exposición

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El aprendizaje, para que sirva, tiene que ser significativo

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Cuando se utiliza el idioma sin verdadera importancia, pierde su finalidad como medio de comunicación y se convierte en un fin en sí mismo. Karl Theodor Jaspers

Empecé otro curso este septiembre, alumnos con amplia experiencia profesional, trabajando en el sector. Pensé, nunca hay ningún curso fácil, con el curriculum de todos ellos pensé que éste tampoco lo sería. Pero me asomé a conocerlos un poco mejor, a entender qué necesitaban y ver qué es lo que podía aportar.

Realmente me arriesgué, porqué diseñé todo el programa del curso de inglés enfocado a la comunicación en lengua inglesa. Pensé: ¿para qué necesitan realmente aprender inglés unas personas que estudian sobre turismo y gestión de viajes? Y mi respuesta fue: para poderse comunicar con mayor seguridad con los clientes extranjeros y solucionar cualquier aspecto que pueda surgir en su vida profesional. Así que mi idea fue que aprendiesen técnicas de comunicación en inglés basadas en situaciones reales, de este modo tendrían herramientas para solucionar situaciones y además practicarían la lengua inglesa.

Porque claro, realmente en las lenguas extranjeras, se aprenden los idiomas como fin en sí mismo no se acaba de contextualizar, principalmente porque las clases tienen lugar en instituciones no especializadas como escuelas de idiomas, academias, institutos de secundaria, etc. Pero cuando los profesores tenemos la oportunidad de enfocarnos en un tema, no deberíamos perder la ocasión. Al menos, ésta es mi opinión ya que tenemos la ocasión de aportar contenido realmente significativo para ellos y mejorar el nivel de satisfacción de las clases.

Realmente intenté estar en estas clases lo más activa posible, dándoles un contenido interesante, pero como soy una exagerada (ya lo sé) ya me dijeron que quizás si lo aligerara un poco con más juegos y más “rol-plays” no tendrían la sensación de tener que poner tanto esfuerzo y tanta concentración durante tantas horas. ¡Lo siento Rut!

La verdad es que estas clases significaron para mí un salto adelante como profesora. Me preparé psicológicamente para estar atenta, activa, dinámica, con energía durante las 5 horas seguidas del curso. Pero creo que lo hice con tanto énfasis que al final no había quien me siguiera el ritmo 😉

Bueno, aquí si alguna alumna o alumno me lee quiero decirles que estuve encantada de que me dejaran estar con ellos y de compartir esas horas en inglés. Que pienso que no es tan fácil tener tanto talento junto reunido en las clases y que les deseo lo mejor profesional y personalmente.

Aprender con ritmo

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Este curso de inglés que hice en octubre fue especial. Me encontré con un nivel básico y gente de procedencia diversa. Era nivel de iniciación pero, también como en otros cursos, había alumnos que tenían algunos conocimientos. Claro, el problema a resolver es éste: cómo intentar qué todos vayamos juntos durante las cinco horas que dura la clase cuando hay personas que necesitan saber decir lo mínimo, cuando unos necesitan un enfoque diferente al habitual (estructura y gramática) y otros afianzar lo que ya saben o ampliar vocabulario.

En este curso recordé unas clases que recibí de danés en Dinamarca. Pasaba algo similar, eran cursos para los que acabábamos de llegar al país. En nuestras clases nos juntábamos estudiantes de traducción, esposas de inmigrantes de países árabes y asiáticos, residentes que venían a mejorar su nivel de idioma, etc. Las clases no seguían el formato habitual. Eran pequeños diálogos y después algunas anotaciones debajo sobre aspectos de gramática o vocabulario. Nos enseñaban a hablar a través del ritmo de las frases. No se intentaba tanto que entendiéramos, como que memorizáramos las frases y siguiéramos el ritmo. La profesora iba dando palmadas con una sonrisa que no se borraba de su cara durante las tres horas de la clase y enunciaba cada diálogo como si estuviera haciendo algo muy divertido. Los primeros días estaba alucinada. No entendía nada. Después sí. Realmente desmontó mis creencias sobre lo que debe ser una clase de idiomas. Me sorprendió de esa profesora que siempre estaba de buen humor con energía. Aprendí de ella, lo importante que es que el profesor esté despierto y activo… sobre todo cuando las clases duran cinco horas y el nivel es inicial.

Con este recuerdo fresco, aunque ya hace unos años, decidí hacer algo parecido. Pequeños diálogos, pocas estructuras, algo de vocabulario básico y a partir de aquí ir construyendo. Para los que necesitaban algo más auditivo, lejos de libros, gramática y textos, un aprendizaje basado  en ritmo, en memorización. Y así estuvimos aprendiendo desde la pronunciación, la entonación, una frase, otra… Por lo menos así mantuve en clase a Antonia, una alumna que desde el primer día se quería marchar de la clase porque no entendía nada. Intenté estar también activa durante esas horas que estuvimos juntos.

La verdad es que me lo pasé muy bien con mis alumnos. Me sorprendió su compañerismo, su atención y cariño entre ellos. También su voluntad por mejorar. Se nota que son personas que tienen la empatía muy desarrollada, tienen lo esencial para poder dedicarse a la hostelería, según mi opinión. Se merecen lo mejor la verdad.  Me hubiera gustado tener más tiempo para poder enseñarles algo más, pero era un curso breve. Al final cada curso es como un viaje en barco en que el trayecto puede ser más breve o más largo y en el que todos aprendemos algo, ellos espero que algo más de inglés, pero yo sobre todo he aprendido a ser más persona.

También desde aquí les agradezco la buena disposición, la paciencia y las ganas de colaborar que tuvieron los alumnos, en especial a Guillermo y Johnson, que me enseñaron la importancia de ser coherente hasta el final, incluso con las notas. 😉

Alumnos de hostelería en el corazón

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Hay personas que se llevan consigo cuando tienes la ocasión de conocerlas mejor. Es lo que me suele pasar con mis alumnos. Se crea un espacio mágico cuando puedes llegar a ellos, cuando entiendes sus dificultades del mismo modo que recuerdo las mías cuando estaba sentada en sus sillas. Realmente quiero que aprendan todo lo que puedan, pienso que nuestro tiempo es precioso como para estar en un lugar donde no se puede aprender lo que uno necesita. A mis alumnos de la promoción 2015-16 de Inglés Profesional para Hostelería los llevo en mi corazón por su coraje, por su entrega, por su profesionalidad, por el amor a su trabajo.

No fue un comienzo fácil.

Al llegar al aula me encontré con un gran grupo heterogéneo de adultos de varias edades, diversas experiencias y varios niveles de inglés con todo lo que implica. Tenía personas que no sabían decir una palabra en inglés, unas que venían a mejorar su nivel, y otras que sabían defenderse pero les faltaba la estructura, el armazón que les permitía ir construyendo sobre seguro. Esta situación se producía porque no se había pedido había ningún nivel mínimo de inglés para poder acceder a este curso.

A los pocos días me di cuenta de la necesidad de delimitar las expectativas de los alumnos. Es decir, poner el perímetro entre lo que podía llegar a conseguir en las clases y lo que necesitaba cada estudiante. Pero claro, eso implicaba dejar a gente fuera. Personas que necesitaban este curso para mejorar laboralmente. Era un curso gratuito ofrecido por la Consellería de treball de la Generalitat y una gran parte de los alumnos que asistía recibía un salario mínimo por lo que no se planteaban pagar ellos mismos las clases de inglés.

La cuestión se puso de manifiesto ya el tercer día, empecé a explicar un asunto de gramática avanzada, no me expliqué muy bien la verdad, y algunos alumnos empezaron a levantarse y a salir de la clase. Me quedé agobiadísima, pensando en lo mal que lo estaba haciendo. Pude hablar con algunos de ellos y tuve opiniones muy diferentes. Desde los que les parecía demasiado fácil, hasta los que me dijeron que no entendían nada.

Por un momento pensé en renunciar. La única solución posible era crear material de cero y aportar material para tres niveles en cada clase. Un grandísimo esfuerzo con el que no contaba este año. Me frustró un poco el pensar se podría haber evitado esta situación con una primera prueba de acceso y una formación por niveles, pero la realidad es que no se había hecho previamente y ahora tenía a toda una gran variedad de alumnos sentados delante de mí.

Después pensé en que tanto que se hablaba en la facultad de educación en la atención a la diversidad y yo allí tenía un claro ejemplo de a lo que se tenían que enfrentar algunos profesores en sus clases. Tenía que pasar por esa experiencia antes de poder dar clase sobre esto aunque implicara un sobresfuerzo. Al final había decidido ser profesora por algo, así que así lo hice.

Dejé mi frustración y mi ego a un lado, me disculpé por no haber entendido lo que necesitaban desde un principio y preparé toda una lección especializada y detallada para los principiantes y los que no tenían una buena base así como material adicional para los avanzados.

A partir de aquí, a partir de que me impliqué cien por cien, con todo lo que podía, fue cuando todo fue sobre ruedas. Sentía que se iba avanzando poco a poco, como una gran máquina pesada que va lenta pero segura hacia su objetivo. Pude estar también con aquellos que tenían un nivel más alto de inglés. Atenderles en lo que requerían. También intenté luchar por todos los alumnos, por aquellos que necesitaban más tiempo para responder y no siempre se da en las clases, como por aquellos que pensaban que el inglés no era para ellos. Intenté quise dar una oportunidad a todos los que se bloqueaban mentalmente, al final éste es el mayor lastre en un aprendizaje.

Al final fue una experiencia maravillosa estupenda donde no sólo creamos un auténtico grupo que podíamos estar bien, hablando de diferentes temas, sobre todo en inglés. También fue una oportunidad fantástica para mí como profesora. Pude superarme, enfrentarme a mis limitaciones e implicarme con mis alumnos como ellos lo necesitaban. Para mí fue una experiencia docente muy rica y emocional en la que tuve la suerte de conocer un poco más a mis alumnos, a quienes recordaré durante mucho tiempo.