Los retos de la Inteligencia Artificial (AI)

Ya estoy preparando contenidos para el próximo curso y hoy voy a hacer un artículo sobre uno de los temas que más gustaron este año en una de mis asignaturas: los nuevos avances en Inteligencia Artificial (AI) y que lo implica para nosotros.

La tecnología va dando pasos de gigante para facilitarnos la vida y cada vez, de modo casi invisible, van surgiendo nuevos sistemas computacionales que imitan el comportamiento humano. Tenemos asistentes virtuales de voz en los móviles y ordenadores: SIRI, Cortana; biometría informática con la detección facial y reconocimiento del iris; los agentes virtuales que nos ayudan a aprender idiomas como PARLA o LiLy e incluso personal “shopper” virtuales que nos aconsejan en las compras. Es decir, la AI ya está en “nuestra casa”. Esta capacidad de pensar o de actuar con lógica casi humana nos deja con la boca abierta y más si pensamos en sus implicaciones en las relaciones sociales y en el aprendizaje.

Para introducir el tema vimos la película HER, una película de Spike Jonce en la que un escritor desarrolla una relación amorosa con un sistema operativo de su ordenador, una intuitiva y sensible entidad llamada Samantha. El autor llega a incorporar a Samantha a su vida como si se tratara de una novia real, llevándola con sus amigos, haciéndole partícipe de sus sueños, la incorpora como ayudante en su trabajo e incluso tiene sexo virtual con ella.

El debate surgió y algunas las preguntas a las que tuvimos que responder fueron: Como pedagogo/a ¿en qué aspectos tendría que evolucionar Samantha para ser más humana? ¿Es necesario tener un cuerpo para mantener una relación con una persona? ¿Habría que marcar límites a la Inteligencia Artificial? ¿Cómo podría apoyar la AI al aprendizaje?

Fue un tema que creo que se nos quedó corto para sólo una sesión pero que nos hizo reflexionar bastante sobre nuestro presente y nuestro futuro.

Foto: alumnos de la asignatura Sociedad Digital y Visual de la UB

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Estilos diferentes de comunicación

Hoy vamos a hablar de los estilos de comunicación. Existe la creencia extendida de que sólo existe un estilo válido de comunicación, una manera que es la correcta de relacionarnos y de llegar a acuerdos.

En este artículo expongo que no sólo hay un estilo válido, un estilo estándar que sirve como un patrón, sino que hay varios estilos y sistemas de contenidos depende de personas y culturas y de la situación en que nos encontremos. Es todo un arte entender la cultura de nuestro interlocutor, saber cómo es nuestro estilo de comunicación para lograr hacer un engranaje.

Este tema curiosamente ha surgido gracias a una experiencia personal y también en una de mis clases de “Business English”. Estábamos escuchando un audio con diversas maneras de hacer peticiones, analizando la entonación y también el modo de hacer las preguntas en inglés y comparándolas con el español y de repente surgió un debate en relación sobre si el estilo anglosajón es “educado o sensible” o según lo llamaron otros era “afectado y rocambolesco”.

Los británicos, en general, suelen adoptar un estilo de amabilidad sin reservas en el que cuidan desde el modo de preguntar y responder ante cualquier tipo de queja con una sarta de disculpas y con una voluntad de compensación que puede llegar a abrumar. Practicando este estilo, varios de mis alumnos comentaron que lo sentían artificial y falso, como la persona que lo hacía estuviera representando un papel. Lo cierto, es que a primera instancia y como estilo en un ámbito profesional resulta ser cercano y amable, ya que sientes que la otra persona te está teniendo realmente en cuenta en su petición. Está cuidando a su interlocutor. Sin embargo, ¿por qué nos resulta a los españoles tan falso?

En nuestra cultura solemos adoptar un estilo mucho más directo y parco sobre todo en las peticiones. Podríamos decir que va al grano, ahorrándonos todos los rodeos y circunloquios que ponen otras culturas. El resultado es un estilo más parco y desnudo en donde la comunicación funciona a las bravas, directa a lo que se necesita y a lo que gusta o no. Y que a veces puede resultar agresiva y dura aunque también es cierto que puede llegar a ser mucho más clara y entendible que la otra, donde los giros y las vueltas para no ser directos puede acabar diluyendo la petición.

Sabiendo en qué situación estamos podemos hacer uso de los diferentes estilos sin dejar de ser educados o evitando que la otra persona se moleste. Así sabemos que por ejemplo en inglés es mejor preguntar: “Will you be available next week?” a lo que en español podemos decir sin tapujos “¿Quedamos el viernes?

Foto: Alumnos de inglés profesional para negocios