¿Qué pasa cuándo no definimos bien nuestros objetivos?

En una de mis clases de Alfabetización digital pedí a mis alumnas que hicieran un pequeño proyecto en el que valoran dos apps. Tenían que plantearse la situación de tener que utilizar tablets en el aula para niños de preescolar y seleccionar apps adecuadas para poder enseñar  una parte del curriculo de Educación infantil. Ellas debían escoger el tema y las apps. El trabajo tenía que incluir una app positiva, es decir una app que sirviera para los objetivos establecidos y otra que, a pesar de que en un principio pareciera que sí, realmente no era adecuada.

El formato del proyecto debía ser: debían plantearse objetivos, decidir la edad de los alumnos a los que iba dirigido el proyecto, el tema, explicar el funcionamiento de las apps y lo que es más importante, hacer la prueba real de las dos apps con un niño de esa edad para comprobar que su planteamiento y su opinión eran ajustados a la realidad. Deberían mostrar un vídeo de esta prueba.

Las alumnas realmente hicieron un buen trabajo. Escogieron apps interesantes pero curiosamente todas pincharon en un asunto: la definición de objetivos.

Estamos tan acostumbrados a funcionar sobre la marcha, a adecuarnos a aquello que nos viene dado muchas veces no tenemos claro nuestros propios objetivos. ¿Qué queremos conseguir? ¿Para qué hacemos este proyecto? ¿Por qué incluir unas apps y tablets en unas clases cuando se puede conseguir los objetivos curriculares con el material de siempre?

Si no nos lo planteamos para un proyecto como este, apaga y vámonos.

Al final se convierte en lo de siempre. Utilizar la tecnología porque está de moda, porque es guay, porque hay que integrar la tecnología en el aula. Y no reflexionar para qué, si es necesario. Si los alumnos van a aprender mejor, si van a incorporar un nuevo conocimiento.

Definir objetivos es la esencia de un proyecto. Es la razón por la que vamos a implementar una innovación. ¿Qué sentido tiene hacer un cambio si no tenemos claro lo que queremos conseguir?

Otro de los problemas que nos plantea la tecnología es quedarnos deslumbrados por las posibilidades de las apps y no ver realmente si se adaptan al curriculo, si las tareas son adecuadas para la edad de los estudiantes, si hay demasiadas actividades como para poder cerrar un círculo de aprendizaje.

Los retos de la tecnología están ahí y está claro que en muchos casos pueden favorecer el aprendizaje pero sin objetivos claros ningún proyecto tiene sentido. Así que, yo también he aprendido a no dar las cosas por sentadas y a la necesidad de tratar los objetivos antes de plantear cualquier tarea o proyecto para clase.

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