Aprender con ritmo

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Este curso de inglés que hice en octubre fue especial. Me encontré con un nivel básico y gente de procedencia diversa. Era nivel de iniciación pero, también como en otros cursos, había alumnos que tenían algunos conocimientos. Claro, el problema a resolver es éste: cómo intentar qué todos vayamos juntos durante las cinco horas que dura la clase cuando hay personas que necesitan saber decir lo mínimo, cuando unos necesitan un enfoque diferente al habitual (estructura y gramática) y otros afianzar lo que ya saben o ampliar vocabulario.

En este curso recordé unas clases que recibí de danés en Dinamarca. Pasaba algo similar, eran cursos para los que acabábamos de llegar al país. En nuestras clases nos juntábamos estudiantes de traducción, esposas de inmigrantes de países árabes y asiáticos, residentes que venían a mejorar su nivel de idioma, etc. Las clases no seguían el formato habitual. Eran pequeños diálogos y después algunas anotaciones debajo sobre aspectos de gramática o vocabulario. Nos enseñaban a hablar a través del ritmo de las frases. No se intentaba tanto que entendiéramos, como que memorizáramos las frases y siguiéramos el ritmo. La profesora iba dando palmadas con una sonrisa que no se borraba de su cara durante las tres horas de la clase y enunciaba cada diálogo como si estuviera haciendo algo muy divertido. Los primeros días estaba alucinada. No entendía nada. Después sí. Realmente desmontó mis creencias sobre lo que debe ser una clase de idiomas. Me sorprendió de esa profesora que siempre estaba de buen humor con energía. Aprendí de ella, lo importante que es que el profesor esté despierto y activo… sobre todo cuando las clases duran cinco horas y el nivel es inicial.

Con este recuerdo fresco, aunque ya hace unos años, decidí hacer algo parecido. Pequeños diálogos, pocas estructuras, algo de vocabulario básico y a partir de aquí ir construyendo. Para los que necesitaban algo más auditivo, lejos de libros, gramática y textos, un aprendizaje basado  en ritmo, en memorización. Y así estuvimos aprendiendo desde la pronunciación, la entonación, una frase, otra… Por lo menos así mantuve en clase a Antonia, una alumna que desde el primer día se quería marchar de la clase porque no entendía nada. Intenté estar también activa durante esas horas que estuvimos juntos.

La verdad es que me lo pasé muy bien con mis alumnos. Me sorprendió su compañerismo, su atención y cariño entre ellos. También su voluntad por mejorar. Se nota que son personas que tienen la empatía muy desarrollada, tienen lo esencial para poder dedicarse a la hostelería, según mi opinión. Se merecen lo mejor la verdad.  Me hubiera gustado tener más tiempo para poder enseñarles algo más, pero era un curso breve. Al final cada curso es como un viaje en barco en que el trayecto puede ser más breve o más largo y en el que todos aprendemos algo, ellos espero que algo más de inglés, pero yo sobre todo he aprendido a ser más persona.

También desde aquí les agradezco la buena disposición, la paciencia y las ganas de colaborar que tuvieron los alumnos, en especial a Guillermo y Johnson, que me enseñaron la importancia de ser coherente hasta el final, incluso con las notas. 😉

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