Alumnos de hostelería en el corazón

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Hay personas que se llevan consigo cuando tienes la ocasión de conocerlas mejor. Es lo que me suele pasar con mis alumnos. Se crea un espacio mágico cuando puedes llegar a ellos, cuando entiendes sus dificultades del mismo modo que recuerdo las mías cuando estaba sentada en sus sillas. Realmente quiero que aprendan todo lo que puedan, pienso que nuestro tiempo es precioso como para estar en un lugar donde no se puede aprender lo que uno necesita. A mis alumnos de la promoción 2015-16 de Inglés Profesional para Hostelería los llevo en mi corazón por su coraje, por su entrega, por su profesionalidad, por el amor a su trabajo.

No fue un comienzo fácil.

Al llegar al aula me encontré con un gran grupo heterogéneo de adultos de varias edades, diversas experiencias y varios niveles de inglés con todo lo que implica. Tenía personas que no sabían decir una palabra en inglés, unas que venían a mejorar su nivel, y otras que sabían defenderse pero les faltaba la estructura, el armazón que les permitía ir construyendo sobre seguro. Esta situación se producía porque no se había pedido había ningún nivel mínimo de inglés para poder acceder a este curso.

A los pocos días me di cuenta de la necesidad de delimitar las expectativas de los alumnos. Es decir, poner el perímetro entre lo que podía llegar a conseguir en las clases y lo que necesitaba cada estudiante. Pero claro, eso implicaba dejar a gente fuera. Personas que necesitaban este curso para mejorar laboralmente. Era un curso gratuito ofrecido por la Consellería de treball de la Generalitat y una gran parte de los alumnos que asistía recibía un salario mínimo por lo que no se planteaban pagar ellos mismos las clases de inglés.

La cuestión se puso de manifiesto ya el tercer día, empecé a explicar un asunto de gramática avanzada, no me expliqué muy bien la verdad, y algunos alumnos empezaron a levantarse y a salir de la clase. Me quedé agobiadísima, pensando en lo mal que lo estaba haciendo. Pude hablar con algunos de ellos y tuve opiniones muy diferentes. Desde los que les parecía demasiado fácil, hasta los que me dijeron que no entendían nada.

Por un momento pensé en renunciar. La única solución posible era crear material de cero y aportar material para tres niveles en cada clase. Un grandísimo esfuerzo con el que no contaba este año. Me frustró un poco el pensar se podría haber evitado esta situación con una primera prueba de acceso y una formación por niveles, pero la realidad es que no se había hecho previamente y ahora tenía a toda una gran variedad de alumnos sentados delante de mí.

Después pensé en que tanto que se hablaba en la facultad de educación en la atención a la diversidad y yo allí tenía un claro ejemplo de a lo que se tenían que enfrentar algunos profesores en sus clases. Tenía que pasar por esa experiencia antes de poder dar clase sobre esto aunque implicara un sobresfuerzo. Al final había decidido ser profesora por algo, así que así lo hice.

Dejé mi frustración y mi ego a un lado, me disculpé por no haber entendido lo que necesitaban desde un principio y preparé toda una lección especializada y detallada para los principiantes y los que no tenían una buena base así como material adicional para los avanzados.

A partir de aquí, a partir de que me impliqué cien por cien, con todo lo que podía, fue cuando todo fue sobre ruedas. Sentía que se iba avanzando poco a poco, como una gran máquina pesada que va lenta pero segura hacia su objetivo. Pude estar también con aquellos que tenían un nivel más alto de inglés. Atenderles en lo que requerían. También intenté luchar por todos los alumnos, por aquellos que necesitaban más tiempo para responder y no siempre se da en las clases, como por aquellos que pensaban que el inglés no era para ellos. Intenté quise dar una oportunidad a todos los que se bloqueaban mentalmente, al final éste es el mayor lastre en un aprendizaje.

Al final fue una experiencia maravillosa estupenda donde no sólo creamos un auténtico grupo que podíamos estar bien, hablando de diferentes temas, sobre todo en inglés. También fue una oportunidad fantástica para mí como profesora. Pude superarme, enfrentarme a mis limitaciones e implicarme con mis alumnos como ellos lo necesitaban. Para mí fue una experiencia docente muy rica y emocional en la que tuve la suerte de conocer un poco más a mis alumnos, a quienes recordaré durante mucho tiempo.

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