Tres retos para nuestra sociedad de aquí a 30 años

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Nadie duda que vivamos en una época de cambios. Sin embargo, al contrario de lo que muchos piensan, estos cambios no afectan principalmente al aspecto económico, sino a muchos más aspectos de nuestra vida diaria. Ahora que sabemos que nuestro estilo de vida no funciona en muchos campos estamos definiendo cómo queremos queremos funcionar a partir de ahora. En este artículo he identificado tres tendencias:

–          Pasar de la saturación al vaciado: En los últimos tiempos hemos consumido hasta la saciedad y estamos embotados a todos los niveles:  tenemos los armarios llenos de ropa, las estanterías rebosante de libros, la casa de artículos de tecnología que se vuelven anticuados al poco tiempo, las habitaciones de los niños con juguetes que no podemos ordenar… Hay una sensación de hartazgo genérico que hace que ansiemos un estilo de vida más ligero. Actualmente ya necesitamos desprendernos de toda esta carga de material superfluo  que nos satura físicamente y mentalmente, y que además nos hace consumir excesiva energía ya que todos esos elementos debemos colocarlos, clasificarlos y gestionarlos, se convierten en una rémora para nuestro día a día.

Esta saturación pide un estilo de vida con casas más pequeñas, con menos muebles, más flexibles que permitan espacios polivalentes, con menos pertenencias propias. Son viviendas que acojen a personas con un estilo de vida diferente, que gusta de no tener un domicilio fijo, sino que se localizan según los proyectos en los que tengan que trabajar. Este tipo de viviendas están preparadas para que sus habitantes trabajen allí y sean alquiladas u ofrecidas de intercambio cuando sus propietarios deciden viajar. Son casas que cada vez más funcionarán con sistemas de energía renovables, que aprovecharán sobre todo la energía solar para generar su propio abastecimiento.

Esta tendencia hacia el aligeramiento también se ve ya plasmada en la alimentación. Hay una gran voluntad de cuidar la alimentación para evitar enfermedades mortales. No sólo pueden funcionar los alimentos como elemento preventivo sino que también son parte de un nuevo estilo de vida que intenta consumir lo justo y los productos adecuados que necesita el cuerpo para funcionar óptimamente. Cuanto más exceso de grasa o sobrecarga tiene que soportar el cuerpo (sobrepeso), más energía necesita para moverse, para realizar las digestiones y para sintetizar alimentos. Estamos de camino a un proceso total de ahorro de energía en todos los sentidos.

–          Pasar de la individualidad a la conexión. Nuestra manera de vivir ha sido hasta ahora muy individualista a todos los niveles: haciendo un uso abusivo de los recursos naturales, la manera en que hemos explotado y oprimido al resto de los seres vivos, el modo en que nos hemos relacionado con otras personas, los valores y los objetivos con los que hemos funcionado hasta ahora. La crisis o el cambio ahora nos está dando una nueva oportunidad para conectarnos al mundo de otra manera. Como por ejemplo, explorando las diversas oportunidades para realizar proyectos conjuntos con otras personas, el modo en que se intenta racionalizar los recursos de la naturaleza, la instauración de una producción agropecuaria “eco” más respetuosa con los ritmos de los animales y las verduras y frutas de los que nos alimentamos, participando en proyectos para que salgan adelante sin pedir nada a cambio, buscando un cambio de relaciones personales que permitan reconectarnos a todos los niveles. Un nuevo sistema de conectividad que alcanza también a la tecnología con la explosión de las redes sociales y el Internet de las cosas que conecta todo tipo de dispositivos a Internet.

–          Pasar de la complejidad a la simplicidad. En esta época de cambios, inconscientemente estamos abocados a pasar de la complejidad a la simplicidad, a volver a los pequeños placeres, a las metas sencillas, a un estilo de vida sin grandes expectativas pero acorde con un ritmo sostenible para la vida familiar y que permita el cultivo de amistades. Con este objetivo en mente volveremos a realizar trabajos que antes externalizábamos, como el cultivo de algunas hortalizas en pequeños huertos urbanos, la cocina casera, el arreglo y reutilización de piezas y artículos estropeados, los desplazamientos en otros medios de transporte que no sean los coches donde el tiempo adquiere otra dimensión.

Gracias a esto es posible que recuperemos aficiones que ya teníamos olvidadas y que consigamos el tiempo para las cosas importantes como estar con los hijos, tener conversaciones interesantes con el tendero del barrio y ver pasar el tiempo dejando que el trabajo y su estrés pase a un segundo plano.

Con esta manera tan complicada de funcionar que hasta ahora hemos tenido pienso que nos habíamos olvidado de lo más importante que es vivir. Es posible que una de las buenas consecuencias de toda esta crisis es que se nos esté brindando una nueva oportunidad para reenfocar la vida. Quizás así podamos desaprender hábitos y estilos de vida poco saludables y reencontremos de nuevo el camino de la felicidad.

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