Escultura cinética: arte y emoción

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En los últimos años las esculturas cinéticas se han convertido en un nuevo canal para comunicar emociones a través de las sensaciones que nos transmiten su movimiento y su transformación espacial en el entorno. El objetivo de sus creadores, desde pioneros como Calder, pasando por Sempere y Vasarely, hasta en la actualidad Behnaz Farahi, es que estas esculturas ofrezcan una interacción con el ser humano, una comunicación bilateral y una reflexión sobre el espacio-tiempo diferente al que pueden ofrecer otras obras de arte. En los últimos años la cinética ha dado un paso gigantesco con la incorporación de la programación y la informática. De hecho, han aparecido otra serie de actores, empresas creadoras de grandes instalaciones a nivel comercial, que incorporan la cinética como un elemento esencial para comunicación de marcas gracias a su capacidad de transmisión de emociones. Sin embargo, estas grandes proyectos con movimiento, no son sólo parte de estrategias empresariales, también puede ser en sí mismas experiencias de exploración emocional.

RGB/CMY Kinetic fue la escultura cinética que ha provocado este artículo. Esta instalación, de la que podéis ver un vídeo al inicio del artículo, fue un encargo de la Fundació Sorigué a ART+ COM para Sónarplanta, el Festival Internacional de Música y New Media Art dentro del Festival anual de Música Electrónica Sónar, en Barcelona, en junio de 2015. Cuando tuve ocasión de verla me intrigó y me emocionó al mismo tiempo. Me pregunté: ¿Qué es lo que tiene que me mueve por dentro? Este artículo es la consiguiente búsqueda de preguntas y respuestas.

Una instalación cinética transmitiendo emoción ¿cómo puede ser?

Este tipo de instalaciones suelen unir a elementos independientes el movimiento, ya sea a través del viento o la acción mecánica impulsada manualmente y desde no hace mucho, a través de la programación informática. A estas esculturas se les puede unir otros elementos, como la música, como así ha sido en el caso de RGB/CMY Kinetic, en que Olafur Arnalds aportaba la música al delicado movimiento de los círculos de metal.

El movimiento ha estado asociado a la comunicación de emociones. Se ha utilizado en el teatro y la danza para transmitir la psicología de cada personaje a través de gestos, posturas o en la manera de moverse. En la antigüedad se asociaban los movimientos lentos, abiertos y expansivos como bellos, mientras que los movimientos cortantes y secos eran considerados feos y poco artísticos. Actualmente esto ha cambiado, hay muchos estilos de danza en nuestro siglo que utilizan serie de movimientos bruscos, delimitados y sin proyección para transmitir otra serie de estados y sensaciones y también considerados “bellos”. Sin embargo hay patrones que perviven dentro de nuestra psique. Los desplazamientos lineares hacia una dirección horizontal indican estabilidad, solidez o relajación. La línea recta puede transmitir fuerza y formalidad mientras que el trazo de una curva puede transmitir naturalidad y calidez. Para todo esto también es importante el tempo en que se realiza. El movimiento lento da sensación de cuidado, importancia, finalidad meditada mientras que otro rápido comunica tensión, presión y urgencia.

¿Las máquinas pueden transmitir belleza? Parece ser que sí.

El movimiento suele ir asociado a algo vivo, a un ser vivo que tiene voluntad, intención, que tiene su lugar en el mundo. Las máquinas también los realizan pero son mecánicos realizados con un fin práctico. En ellos no hay mucha complejidad, sólo eficacia, no hay belleza, armonía, no hay digresión, ni posibilidad de ir más allá ya que son movimientos secos, cortantes, definidos y con una finalidad. No quieren transmitir belleza. Pero cuando esa máquina o instalación realiza acciones complejas, sin un fin práctico, sino con un objetivo estético se produce un grado de sorpresa y una comunicación de emociones.

¿Qué emociones proyectamos ante una escultura en movimiento?

A nivel psicológico estamos tan centrados en nosotros mismos que nos vemos y nos proyectamos en cualquier cosa. Mirando el movimiento de un objeto fuera de contexto podemos proyectar motivaciones o  emociones humanas sobre él basadas en el desplazamiento que realiza. Es decir, asignamos identidades y emociones a objetos que no las tienen por sí mismos, sino porque en ellos volcamos nuestra experiencia previa y patrones de movimiento asociados a ciertas características. Según Axel Haschkamp, director de MKT AG, la empresa de ingeniería encargada de la parte tecnológica del proyecto, la cinética está estrechamente relacionada con las experiencias humanas, como la acción, la pausa o la alternancia entre la luz y la sombra. Estos “arquetipos”, tal como los llamó C. G. Jung, son patrones que subsisten en nuestro inconsciente a través de imágenes simbólicas que sólo pueden reexperimentarse a través de creaciones artísticas.  Curiosamente, los movimientos que más nos emocionan son los creados por la naturaleza, los que nos recuerdan estados de paz y de bienestar, de calma, en el que no hay presión, ni huida del presente. Lo curioso es que ya no buscamos en la naturaleza estas emociones. Como creadores artísticos, los seres humanos preferimos crear en nuestro mundo hiper-tecnológico una máquina capaz de reproducirlos para volver a experimentar esas sensaciones fuera de su contexto, el entorno natural.

Y, hablando de la RGB/CMY Kinetic, ¿qué emociones quiere transmitir?

Según ART+COM, el estudio berlinés pionero en la aplicación de la tecnología al mundo del arte, RGB/CMY Kinetic es una experiencia meditativa y transcendental sobre el color, el movimiento y el sonido.

En mi opinión consigue varios objetivos: a través del juego de la luz con los discos metálicos y su proyección en el lienzo del suelo podemos tener una observación pausada de la luz, de la creación del color y de su transformación según se inicia el movimiento de ciertos elementos. Una re-experiencia  que nos permite diseccionar y disfrutar de la creación cromática que ocurre en la naturaleza en varios momentos del día, pero que debido a nuestro estilo de vida a las limitaciones de nuestros sentidos, nos cuesta de identificar en su totalidad. Su tempo y su música nos transmite tranquilidad, pausa y permite acompañar a la mente a lugares más tranquilos y creativos. Nos permite entrar en una onda donde proyectar imágenes similares de tranquilidad y sosiego. Su envergadura nos permite recordar lo pequeños que somos, una sensación que nos transmiten las montañas imponentes, arquitecturas megalíticas o esculturas gigantescas. Somos sensibles a elementos ultra dimensionados quizás porque con la tecnología nos encontramos capaces de todo y sólo ante la comparación dimensional de estructuras gigantescas somos conscientes de nuestra pequeñez.

Tras toda esta reflexión puedo concluir que sí, la cinética transmite emociones, sobre todo latentes en nuestro inconsciente. Proyecta nuestra necesidad de comprensión de un mundo que a pesar de todo nuestro conocimiento nos resulta muy complejo, quizás porque nuestro conocimiento no deja de ser mental, no emocional. El peligro está que, en este estado de embriaguez y con nuestra capacidad creativa, acabemos únicamente disfrutando de sensaciones producidas por elementos creados por nosotros en lugar de volver a disfrutar de aquello que ya existe a nuestro alrededor. O llegar a acabar únicamente disfrutando de la copia, de la interpretación, en lugar de experimentar las emociones directamente de su fuente, aquello que algún día nos movió y nos tocó el corazón.

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=sgDr7IhHajc

 

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