Experimentar, probar, equivocarse

Jordi haciendo una exposiciónDesde hace tiempo soy profesora de idiomas, he dado clases de inglés, danés y ruso. Y todas ellas tenían algo en común. A diferencia de otras asignaturas, en las que los alumnos están interesados en el contenido en sí, en las lenguas extranjeras lo importante no es el contenido, sino todo el proceso de aprendizaje que permite ir expresándonos en otra lengua. Porque, ¿qué es el inglés o el ruso? ¿Es algo definido, tangible, acotado?… Es aprender a crear el armazón, la estructura, familiarizarnos con el vocabulario para poder intuir el significado de otras palabras y sacar el significado del contexto.

Creo que es por esto por lo que me gusta tanto dar clases de lenguas extranjeras. Porque lo importante es el proceso, no el fin.

Desde algún tiempo he comprobado que los alumnos quieren unas clases dinámicas donde experimentar el inglés. Por experimentar quiero decir poner en práctica y ver qué pasa con todas esas expresiones que utilizan cuando se comunican, ¿encajan bien? ¿Me falta vocabulario? ¿Se entiende bien lo que quiero decir?

En las clases de este trimestre de nivel intermedio he tenido la suerte de tener dos grupos fantásticos, uno en septiembre y otro en noviembre. ¡Madre mía menudo potencial tenía las clases! Gente con recursos, con experiencia, con conocimientos, con capacidades. La verdad es que los primeros días estaba un poco intimidada. Pensé que realmente tendría que darles algo bueno para que no se marcharan de la clase.

Curiosamente los profesores solemos enfocar estas clases desaprovechando todo el potencial que existe en la clase: hacemos gramática, vocabulario y ejercicios escritos en el 80% del tiempo de las clases cuando el principal ejercicio que necesitan hacer los alumnos es ¡practicar, probar y equivocarse! Y después entre todos buscar otras opciones de expresión que sean más genuinas.

Entiendo las clases de lenguas extranjeras como clases de comunicación pura y dura. En que no sólo se deben aprender diferentes estrategias de comunicación, sino también a ponerlas en situación, en su contexto. Es decir practicar el idioma según los diferentes contextos que van surgiendo en relación a los temas que les interesan. Y sobre todo el sistema para mí es “Inmersión total”. No existen conversaciones entre nativos adaptadas a principiantes, no hay artículos “reales” para aprendices de idioma. Existen noticias, conversaciones, peticiones, entrevistas más complejas o más difíciles pero ante ambas nos tendremos que enfrentar en la vida real sea nuestro nivel de idioma mejor o peor.

Les envío desde aquí un abrazo a todos mis alumnos de inglés por ser tan luchadores, tan valientes, por querer lo mejor para ellos, por querer avanzar y no rendirse. Y por tener paciencia conmigo y ayudarme a mejorar mis clases. ¡Conseguiréis lo que os propondréis, no tengo duda!

Imagen: Jordi haciendo una exposición

El aprendizaje, para que sirva, tiene que ser significativo

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Cuando se utiliza el idioma sin verdadera importancia, pierde su finalidad como medio de comunicación y se convierte en un fin en sí mismo. Karl Theodor Jaspers

Empecé otro curso este septiembre, alumnos con amplia experiencia profesional, trabajando en el sector. Pensé, nunca hay ningún curso fácil, con el curriculum de todos ellos pensé que éste tampoco lo sería. Pero me asomé a conocerlos un poco mejor, a entender qué necesitaban y ver qué es lo que podía aportar.

Realmente me arriesgué, porqué diseñé todo el programa del curso de inglés enfocado a la comunicación en lengua inglesa. Pensé: ¿para qué necesitan realmente aprender inglés unas personas que estudian sobre turismo y gestión de viajes? Y mi respuesta fue: para poderse comunicar con mayor seguridad con los clientes extranjeros y solucionar cualquier aspecto que pueda surgir en su vida profesional. Así que mi idea fue que aprendiesen técnicas de comunicación en inglés basadas en situaciones reales, de este modo tendrían herramientas para solucionar situaciones y además practicarían la lengua inglesa.

Porque claro, realmente en las lenguas extranjeras, se aprenden los idiomas como fin en sí mismo no se acaba de contextualizar, principalmente porque las clases tienen lugar en instituciones no especializadas como escuelas de idiomas, academias, institutos de secundaria, etc. Pero cuando los profesores tenemos la oportunidad de enfocarnos en un tema, no deberíamos perder la ocasión. Al menos, ésta es mi opinión ya que tenemos la ocasión de aportar contenido realmente significativo para ellos y mejorar el nivel de satisfacción de las clases.

Realmente intenté estar en estas clases lo más activa posible, dándoles un contenido interesante, pero como soy una exagerada (ya lo sé) ya me dijeron que quizás si lo aligerara un poco con más juegos y más “rol-plays” no tendrían la sensación de tener que poner tanto esfuerzo y tanta concentración durante tantas horas. ¡Lo siento Rut!

La verdad es que estas clases significaron para mí un salto adelante como profesora. Me preparé psicológicamente para estar atenta, activa, dinámica, con energía durante las 5 horas seguidas del curso. Pero creo que lo hice con tanto énfasis que al final no había quien me siguiera el ritmo😉

Bueno, aquí si alguna alumna o alumno me lee quiero decirles que estuve encantada de que me dejaran estar con ellos y de compartir esas horas en inglés. Que pienso que no es tan fácil tener tanto talento junto reunido en las clases y que les deseo lo mejor profesional y personalmente.

Evaluar, determinar, calificar

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Fuente imagen: Pixabay

Estos cursos que voy dando me hacen pensar seriamente sobre las evaluaciones y las calificaciones y la primera pregunta que se me plantea es ¿es necesario calificar? Estamos acostumbrados a hacerlo, pero poner una nota numérica ¿tiene hoy en día algún sentido, alguna función?

Entiendo que la evaluación sirve para orientar al alumno en relación a su aprendizaje. Pero, ¿no hay otras posibilidades que vayan más hacia un sistema más de acompañamiento y que no sea tanto un sistema de catalogación?

Porque al final poner una nota es como poner una etiqueta. Tú sí, tú no. Tú vales tanto, tu menos. Tú entras dentro de la media, de lo que se espera, del rasero por el que todos se tienen que medir, pero tú no. Y es el profesor el que decide esto. Se nos llena la boca diciendo que la estructura de las clases ha cambiado, que ha pasado de ser vertical y jerárquica a ser horizontal, pero siguen siendo los profesores los que acaban diciendo si uno aprueba o no.

Para mí las calificaciones son terribles. Los alumnos están asustados cuando oyen la palabra evaluación, examen. Personas de todas las edades realmente entran en estados de ansiedad.  Simplemente porque no han tenido buenas experiencias anteriormente y muchos de ellos se encuentran actualmente en situación vulnerable, teniendo que reciclarse a la fuerza y se encuentran inseguros en un mundo competitivo que amenaza con dejarles fuera. Y, para colmo, tienen que enfrentarse a una evaluación después de cada curso de reciclaje.

En uno de los últimos cursos de “Inglés profesional para asistentes de cocina” puse un diez a Joana, una mujer de unos cuarenta y pico años.  Me emocionó lo que me dijo. Se sorprendió de que le hubiera puesto un diez y me dijo que nunca le habían puesto uno. “Bueno sí” –dijo- “una vez en cuarto de primaria, en un trabajo de la fotosíntesis me pusieron un diez y me fui a casa supercontenta”. Joana había estado con todo lo que había podido en las clases, participando, aportando, dentro del ensayo-error tan necesario para aprender. ¿Por qué nos cuesta tanto a los profesores poner el diez?

Yo creo que intervienen varios factores. Uno es que las expectativas de aprendizaje no las pone el alumno, las pone el profesor en relación a unos estándares básicos. Esto ocurre sobre todo en las clases de idiomas. La evaluación se ajusta a un tipo de exámenes tipo y todo gira alrededor de eso. Y está bien, en caso de personas que quieren obtener un diploma, pero ¿todos los que estudian idiomas necesitan un certificado? Entiendo que no. Entonces ¿por qué no es el alumno el que establece sus propios objetivos y se califica de acorde a sus metas?

Otro de los aspectos que afectan a la calificación es el miedo del profesor. El miedo a que el alumno entienda que no tiene nada más que aprender o que el profesor no tenga nada más que ofrecer. Porque parece ser que eso es lo que aparenta que dice un diez. Que ha conseguido su tope. Ya no hay nada más después de esto. Hay profesores que con el diez tienen miedo a darle el poder al alumno. No reservarse nada para ellos. Esas décimas de menos en las notas que el profesor se guarda para sí con la puntualización de … “ha estado bien, pero…” es lo que mantiene en el poder al maestro.

En todas las clases que imparto doy la oportunidad a los alumnos a que se califiquen, que valoren su participación en las clases, el esfuerzo que han puesto y su trabajo para conseguir sus objetivos. Curiosamente, las notas que se ponen en muchos casos son más bajas que mi valoración. Y es que no hay juez más duro que uno mismo.

Curiosamente, si cambias el estilo de las clases, como es lo que yo intento hacer en las mías, es necesario también cambiar la calificación. Sino no, no hay coherencia. No se puede hacer una clase reforzando las capacidades del alumno para luego machacar con unas notas muy estrictas. Realmente, tratando de adultos, deben ser ellos los que establezcan sus metas y se califiquen acordemente a ello. Después está que sean sinceros con ellos mismos. Pero eso ya es cosa suya y su responsabilidad ante su aprendizaje.

Aprender con ritmo

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Este curso de inglés que hice en octubre fue especial. Me encontré con un nivel básico y gente de procedencia diversa. Era nivel de iniciación pero, también como en otros cursos, había alumnos que tenían algunos conocimientos. Claro, el problema a resolver es éste: cómo intentar qué todos vayamos juntos durante las cinco horas que dura la clase cuando hay personas que necesitan saber decir lo mínimo, cuando unos necesitan un enfoque diferente al habitual (estructura y gramática) y otros afianzar lo que ya saben o ampliar vocabulario.

En este curso recordé unas clases que recibí de danés en Dinamarca. Pasaba algo similar, eran cursos para los que acabábamos de llegar al país. En nuestras clases nos juntábamos estudiantes de traducción, esposas de inmigrantes de países árabes y asiáticos, residentes que venían a mejorar su nivel de idioma, etc. Las clases no seguían el formato habitual. Eran pequeños diálogos y después algunas anotaciones debajo sobre aspectos de gramática o vocabulario. Nos enseñaban a hablar a través del ritmo de las frases. No se intentaba tanto que entendiéramos, como que memorizáramos las frases y siguiéramos el ritmo. La profesora iba dando palmadas con una sonrisa que no se borraba de su cara durante las tres horas de la clase y enunciaba cada diálogo como si estuviera haciendo algo muy divertido. Los primeros días estaba alucinada. No entendía nada. Después sí. Realmente desmontó mis creencias sobre lo que debe ser una clase de idiomas. Me sorprendió de esa profesora que siempre estaba de buen humor con energía. Aprendí de ella, lo importante que es que el profesor esté despierto y activo… sobre todo cuando las clases duran cinco horas y el nivel es inicial.

Con este recuerdo fresco, aunque ya hace unos años, decidí hacer algo parecido. Pequeños diálogos, pocas estructuras, algo de vocabulario básico y a partir de aquí ir construyendo. Para los que necesitaban algo más auditivo, lejos de libros, gramática y textos, un aprendizaje basado  en ritmo, en memorización. Y así estuvimos aprendiendo desde la pronunciación, la entonación, una frase, otra… Por lo menos así mantuve en clase a Antonia, una alumna que desde el primer día se quería marchar de la clase porque no entendía nada. Intenté estar también activa durante esas horas que estuvimos juntos.

La verdad es que me lo pasé muy bien con mis alumnos. Me sorprendió su compañerismo, su atención y cariño entre ellos. También su voluntad por mejorar. Se nota que son personas que tienen la empatía muy desarrollada, tienen lo esencial para poder dedicarse a la hostelería, según mi opinión. Se merecen lo mejor la verdad.  Me hubiera gustado tener más tiempo para poder enseñarles algo más, pero era un curso breve. Al final cada curso es como un viaje en barco en que el trayecto puede ser más breve o más largo y en el que todos aprendemos algo, ellos espero que algo más de inglés, pero yo sobre todo he aprendido a ser más persona.

También desde aquí les agradezco la buena disposición, la paciencia y las ganas de colaborar que tuvieron los alumnos, en especial a Guillermo y Johnson, que me enseñaron la importancia de ser coherente hasta el final, incluso con las notas.😉

Alumnos de hostelería en el corazón

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Hay personas que se llevan consigo cuando tienes la ocasión de conocerlas mejor. Es lo que me suele pasar con mis alumnos. Se crea un espacio mágico cuando puedes llegar a ellos, cuando entiendes sus dificultades del mismo modo que recuerdo las mías cuando estaba sentada en sus sillas. Realmente quiero que aprendan todo lo que puedan, pienso que nuestro tiempo es precioso como para estar en un lugar donde no se puede aprender lo que uno necesita. A mis alumnos de la promoción 2015-16 de Inglés Profesional para Hostelería los llevo en mi corazón por su coraje, por su entrega, por su profesionalidad, por el amor a su trabajo.

No fue un comienzo fácil.

Al llegar al aula me encontré con un gran grupo heterogéneo de adultos de varias edades, diversas experiencias y varios niveles de inglés con todo lo que implica. Tenía personas que no sabían decir una palabra en inglés, unas que venían a mejorar su nivel, y otras que sabían defenderse pero les faltaba la estructura, el armazón que les permitía ir construyendo sobre seguro. Esta situación se producía porque no se había pedido había ningún nivel mínimo de inglés para poder acceder a este curso.

A los pocos días me di cuenta de la necesidad de delimitar las expectativas de los alumnos. Es decir, poner el perímetro entre lo que podía llegar a conseguir en las clases y lo que necesitaba cada estudiante. Pero claro, eso implicaba dejar a gente fuera. Personas que necesitaban este curso para mejorar laboralmente. Era un curso gratuito ofrecido por la Consellería de treball de la Generalitat y una gran parte de los alumnos que asistía recibía un salario mínimo por lo que no se planteaban pagar ellos mismos las clases de inglés.

La cuestión se puso de manifiesto ya el tercer día, empecé a explicar un asunto de gramática avanzada, no me expliqué muy bien la verdad, y algunos alumnos empezaron a levantarse y a salir de la clase. Me quedé agobiadísima, pensando en lo mal que lo estaba haciendo. Pude hablar con algunos de ellos y tuve opiniones muy diferentes. Desde los que les parecía demasiado fácil, hasta los que me dijeron que no entendían nada.

Por un momento pensé en renunciar. La única solución posible era crear material de cero y aportar material para tres niveles en cada clase. Un grandísimo esfuerzo con el que no contaba este año. Me frustró un poco el pensar se podría haber evitado esta situación con una primera prueba de acceso y una formación por niveles, pero la realidad es que no se había hecho previamente y ahora tenía a toda una gran variedad de alumnos sentados delante de mí.

Después pensé en que tanto que se hablaba en la facultad de educación en la atención a la diversidad y yo allí tenía un claro ejemplo de a lo que se tenían que enfrentar algunos profesores en sus clases. Tenía que pasar por esa experiencia antes de poder dar clase sobre esto aunque implicara un sobresfuerzo. Al final había decidido ser profesora por algo, así que así lo hice.

Dejé mi frustración y mi ego a un lado, me disculpé por no haber entendido lo que necesitaban desde un principio y preparé toda una lección especializada y detallada para los principiantes y los que no tenían una buena base así como material adicional para los avanzados.

A partir de aquí, a partir de que me impliqué cien por cien, con todo lo que podía, fue cuando todo fue sobre ruedas. Sentía que se iba avanzando poco a poco, como una gran máquina pesada que va lenta pero segura hacia su objetivo. Pude estar también con aquellos que tenían un nivel más alto de inglés. Atenderles en lo que requerían. También intenté luchar por todos los alumnos, por aquellos que necesitaban más tiempo para responder y no siempre se da en las clases, como por aquellos que pensaban que el inglés no era para ellos. Intenté quise dar una oportunidad a todos los que se bloqueaban mentalmente, al final éste es el mayor lastre en un aprendizaje.

Al final fue una experiencia maravillosa estupenda donde no sólo creamos un auténtico grupo que podíamos estar bien, hablando de diferentes temas, sobre todo en inglés. También fue una oportunidad fantástica para mí como profesora. Pude superarme, enfrentarme a mis limitaciones e implicarme con mis alumnos como ellos lo necesitaban. Para mí fue una experiencia docente muy rica y emocional en la que tuve la suerte de conocer un poco más a mis alumnos, a quienes recordaré durante mucho tiempo.

Una experiencia docente en busca de la innovación

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Vivimos en una sociedad descontenta, en la que cuesta encontrar una ubicación, nuestro lugar para crecer. La educación no es más que un reflejo de esta incapacidad para encontrar este espacio. Por esta razón pienso que hay que ir investigando nuevos caminos, nuevas vías que nos lleven a lugares donde poder desarrollarnos de otra manera.

Esta experiencia como profesora que aquí relato obedece a esta búsqueda.

El espíritu crítico es la capacidad del ser humano de cuestionar los principios, valores y normas que se le ofrecen en el entorno en el que se desenvuelve, siendo capaz de formarse un criterio propio que le permita tomar sus propias decisiones en las distintas situaciones que se le presentan

Este año me plantee estos objetivos de docencia para la asignatura “Cultura Digital y visual”: despertar el espíritu crítico; cuestionar realidades que se creen inamovibles y fomentar el aprendizaje en común.

Utilicé varias estrategias:

En las dos primeras sesiones expliqué de qué modo facilita Internet la participación en los procesos democráticos, impulsa la acción en tiempo real, empodera a la persona y le da una libertad inusual en relación a los grandes medios de comunicación. Así que analizamos cómo los inicios de Internet están interrelacionados con los procesos de cambio social que tuvieron lugar en California en los años 60. Para anclar el temario en una experiencia cercana utilicé el ejemplo del 15M que tuvo lugar hace unos años en nuestro país. Un proceso reciente donde personas anónimas e individuales se unieron para impulsar una transformación social y política. Iniciando la asignatura con este tema quería darles la fuerza psicológica además de exponer las posibilidades que ofrece Internet para incitar a mis alumnos la acción.

Otra de las estrategias que utilicé fue darles “el poder”  a ellos. Les dejé escoger los temas sobre los que quisieran impartir una sesión para los compañeros. Me pareció importante que tuvieran una primera experiencia docente en el aula ya que cuando se graduasen iban a asesorar a maestros y profesores. La condición que debían cumplir es que deberían estar relacionados con la asignatura. También intenté que mi presencia no fuera el eje principal de las sesiones, sino que ellos mismos fueran los que las que dirigieran decidiendo las actividades y el debate.

Enfoqué la asignatura como un “crowdlearning” o una comunidad de aprendizaje. Los estudiantes deberían colaborar aportando material interesante para los temas de sus compañeros. El material se aportaría en el campus virtual y serviría también para que pudieran realizar el trabajo de investigación relacionado con el tema escogido.

Por último, en cada sesión se cuestionaba realidades que parecían asentadas e inamovibles, se hacía preguntas cuestionando qué quería decir algunos conceptos y porqué era así. En grupo fomentamos un un debate después sobre los temas más controvertidos.

El resultado fue interesante. Los temas fueron variados y algunos relacionados experiencias personales como el hecho de utilizar la Realidad Aumentada para compensar algunas dificultades con alumnos de Necesidades Especiales – las alumnas que lo presentaron eran disléxicas-. También otro de los temas que tratamos fue el “ciberbullying”. Una de las alumnas que expuso el tema, comentó a lo largo del debate que había sufrido discriminación y otro compañero explicó su caso de “bullying” en secundaria. Este debate fue especialmente emocional para mí, no sólo por la sinceridad de los alumnos que habían sufrido esta situación, sino también porque mi hija pequeña vivió una situación muy difícil en la escuela que le provocó  ataques de pánico. Hubo temas innovadores como el hecho de que tratar de llevar la filosofía “hacker” al aula. Otros relacionados con el modo en que se manipula la información a través de los medios de masas o cómo se fomenta los estereotipos en los niños a través de las películas infantiles. Pudimos ver cómo incluir el mundo multimedia y móvil al aula a través del uso de las cámaras fotográficas y la fotografía, cómo el vídeo puede ayudar en la comprensión visual de los contenidos y las iniciativas que introducen el móvil en el aula a través de la gamificación o creando un acceso en tiempo real a la información. Otro de los temas que se trataron fue de qué modo los videojuegos pueden aportar un fomento de ciertas habilidades personales en los estudiantes del futuro y revisar los programas digitales para enseñar la inteligencia emocional.

Al concederles a los alumnos la autonomía de su aprendizaje surgieron algunos inconvenientes. Uno fue la concreción de las tareas a realizar y decidir la profundidad de los trabajos. Ingenuamente pensé que cada uno tendría un nivel de autoexigencia  que hacía superflua la determinación de criterios. Pero me di cuenta que para alcanzar un nivel medio de calidad en los trabajos era necesario establecer unas pautas. Es decir, cuando el aprendizaje está vinculado a unos resultados es importante definir los resultados mínimos que se deben conseguir.  Además el resultado estaba vinculado a la evaluación, un tema importante para todos ellos.

Otro aspecto que se puso de manifiesto fue el miedo a la libertad. Cuando nos dan la posibilidad de escoger el tema, a veces nos bloqueamos a no poder decidir entre todas las posibilidades. Al descartar uno de los temas que barajamos hay una pérdida que cuesta asumir, ya que pensamos ¿sería mejor el otro? Entra la duda de si se va a poder demostrar lo que se propone.

Un tercer problema fue la repetición de modelos. Estuvimos comentando la necesidad de cambiar el modo de impartir las clases, pero cuando nos toca el turno es difícil hacer algo diferente si hemos aprendido así. Psicológicamente cuesta salir del modelo. Hay miedo al rechazo, al fracaso, no sabemos por dónde empezar. Entra en juego el miedo de estar haciendo algo diferente. Es decir, si se cambia el modo en que se presentan los contenidos, se pierde el control sobre el aula, no se sabe si el contenido va llegar a los compañeros. Hay miedo al fracaso. Aún así, creo que hubo una gran voluntad de hacer y aportar algo nuevo.

Ante todo lo expuesto, curiosamente con lo que más se disfrutó en las clases fue con el debate. Estábamos todos esperándolo al final de cada sesión. Se creó un ambiente muy especial en las clases a través del cual pienso que todos pudimos expresar libremente. Intenté por mi parte que se pudiera dar la vuelta a todo, que removiéramos cualquier aseveración de sus cimientos. Que intentáramos ver el doble fondo de las cosas. Fomentar otras visiones para estimular el espíritu crítica. Creo que lo conseguimos.

Otra cuestión fue la evaluación. Odio evaluar. No disfruto teniendo que poner un número a una participación, a un tiempo dedicado, a poder o no profundizar más o menos en un tema. Creo que pocos profesores disfrutan este aspecto. La pauta que diseñé fue muy estricta  y que cubriera muchos aspectos intentando que fuera lo más justa posible, pero seguramente el año que viene la mejoraré.  Soy de la opinión de que a veces la evaluación no tendría que formar parte del aprendizaje ya que puede modificarlo en positivo o en negativo.

En resumen, fue una experiencia interesante, estoy preparando más material para mejorar el debate, para continuar despertando el espíritu crítico de mis alumnos y que ellos se animen a participar. Espero ir consiguiéndolo cada día.

 

 

Escultura cinética: arte y emoción

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En los últimos años las esculturas cinéticas se han convertido en un nuevo canal para comunicar emociones a través de las sensaciones que nos transmiten su movimiento y su transformación espacial en el entorno. El objetivo de sus creadores, desde pioneros como Calder, pasando por Sempere y Vasarely, hasta en la actualidad Behnaz Farahi, es que estas esculturas ofrezcan una interacción con el ser humano, una comunicación bilateral y una reflexión sobre el espacio-tiempo diferente al que pueden ofrecer otras obras de arte. En los últimos años la cinética ha dado un paso gigantesco con la incorporación de la programación y la informática. De hecho, han aparecido otra serie de actores, empresas creadoras de grandes instalaciones a nivel comercial, que incorporan la cinética como un elemento esencial para comunicación de marcas gracias a su capacidad de transmisión de emociones. Sin embargo, estas grandes proyectos con movimiento, no son sólo parte de estrategias empresariales, también puede ser en sí mismas experiencias de exploración emocional.

RGB/CMY Kinetic fue la escultura cinética que ha provocado este artículo. Esta instalación, de la que podéis ver un vídeo al inicio del artículo, fue un encargo de la Fundació Sorigué a ART+ COM para Sónarplanta, el Festival Internacional de Música y New Media Art dentro del Festival anual de Música Electrónica Sónar, en Barcelona, en junio de 2015. Cuando tuve ocasión de verla me intrigó y me emocionó al mismo tiempo. Me pregunté: ¿Qué es lo que tiene que me mueve por dentro? Este artículo es la consiguiente búsqueda de preguntas y respuestas.

Una instalación cinética transmitiendo emoción ¿cómo puede ser?

Este tipo de instalaciones suelen unir a elementos independientes el movimiento, ya sea a través del viento o la acción mecánica impulsada manualmente y desde no hace mucho, a través de la programación informática. A estas esculturas se les puede unir otros elementos, como la música, como así ha sido en el caso de RGB/CMY Kinetic, en que Olafur Arnalds aportaba la música al delicado movimiento de los círculos de metal.

El movimiento ha estado asociado a la comunicación de emociones. Se ha utilizado en el teatro y la danza para transmitir la psicología de cada personaje a través de gestos, posturas o en la manera de moverse. En la antigüedad se asociaban los movimientos lentos, abiertos y expansivos como bellos, mientras que los movimientos cortantes y secos eran considerados feos y poco artísticos. Actualmente esto ha cambiado, hay muchos estilos de danza en nuestro siglo que utilizan serie de movimientos bruscos, delimitados y sin proyección para transmitir otra serie de estados y sensaciones y también considerados “bellos”. Sin embargo hay patrones que perviven dentro de nuestra psique. Los desplazamientos lineares hacia una dirección horizontal indican estabilidad, solidez o relajación. La línea recta puede transmitir fuerza y formalidad mientras que el trazo de una curva puede transmitir naturalidad y calidez. Para todo esto también es importante el tempo en que se realiza. El movimiento lento da sensación de cuidado, importancia, finalidad meditada mientras que otro rápido comunica tensión, presión y urgencia.

¿Las máquinas pueden transmitir belleza? Parece ser que sí.

El movimiento suele ir asociado a algo vivo, a un ser vivo que tiene voluntad, intención, que tiene su lugar en el mundo. Las máquinas también los realizan pero son mecánicos realizados con un fin práctico. En ellos no hay mucha complejidad, sólo eficacia, no hay belleza, armonía, no hay digresión, ni posibilidad de ir más allá ya que son movimientos secos, cortantes, definidos y con una finalidad. No quieren transmitir belleza. Pero cuando esa máquina o instalación realiza acciones complejas, sin un fin práctico, sino con un objetivo estético se produce un grado de sorpresa y una comunicación de emociones.

¿Qué emociones proyectamos ante una escultura en movimiento?

A nivel psicológico estamos tan centrados en nosotros mismos que nos vemos y nos proyectamos en cualquier cosa. Mirando el movimiento de un objeto fuera de contexto podemos proyectar motivaciones o  emociones humanas sobre él basadas en el desplazamiento que realiza. Es decir, asignamos identidades y emociones a objetos que no las tienen por sí mismos, sino porque en ellos volcamos nuestra experiencia previa y patrones de movimiento asociados a ciertas características. Según Axel Haschkamp, director de MKT AG, la empresa de ingeniería encargada de la parte tecnológica del proyecto, la cinética está estrechamente relacionada con las experiencias humanas, como la acción, la pausa o la alternancia entre la luz y la sombra. Estos “arquetipos”, tal como los llamó C. G. Jung, son patrones que subsisten en nuestro inconsciente a través de imágenes simbólicas que sólo pueden reexperimentarse a través de creaciones artísticas.  Curiosamente, los movimientos que más nos emocionan son los creados por la naturaleza, los que nos recuerdan estados de paz y de bienestar, de calma, en el que no hay presión, ni huida del presente. Lo curioso es que ya no buscamos en la naturaleza estas emociones. Como creadores artísticos, los seres humanos preferimos crear en nuestro mundo hiper-tecnológico una máquina capaz de reproducirlos para volver a experimentar esas sensaciones fuera de su contexto, el entorno natural.

Y, hablando de la RGB/CMY Kinetic, ¿qué emociones quiere transmitir?

Según ART+COM, el estudio berlinés pionero en la aplicación de la tecnología al mundo del arte, RGB/CMY Kinetic es una experiencia meditativa y transcendental sobre el color, el movimiento y el sonido.

En mi opinión consigue varios objetivos: a través del juego de la luz con los discos metálicos y su proyección en el lienzo del suelo podemos tener una observación pausada de la luz, de la creación del color y de su transformación según se inicia el movimiento de ciertos elementos. Una re-experiencia  que nos permite diseccionar y disfrutar de la creación cromática que ocurre en la naturaleza en varios momentos del día, pero que debido a nuestro estilo de vida a las limitaciones de nuestros sentidos, nos cuesta de identificar en su totalidad. Su tempo y su música nos transmite tranquilidad, pausa y permite acompañar a la mente a lugares más tranquilos y creativos. Nos permite entrar en una onda donde proyectar imágenes similares de tranquilidad y sosiego. Su envergadura nos permite recordar lo pequeños que somos, una sensación que nos transmiten las montañas imponentes, arquitecturas megalíticas o esculturas gigantescas. Somos sensibles a elementos ultra dimensionados quizás porque con la tecnología nos encontramos capaces de todo y sólo ante la comparación dimensional de estructuras gigantescas somos conscientes de nuestra pequeñez.

Tras toda esta reflexión puedo concluir que sí, la cinética transmite emociones, sobre todo latentes en nuestro inconsciente. Proyecta nuestra necesidad de comprensión de un mundo que a pesar de todo nuestro conocimiento nos resulta muy complejo, quizás porque nuestro conocimiento no deja de ser mental, no emocional. El peligro está que, en este estado de embriaguez y con nuestra capacidad creativa, acabemos únicamente disfrutando de sensaciones producidas por elementos creados por nosotros en lugar de volver a disfrutar de aquello que ya existe a nuestro alrededor. O llegar a acabar únicamente disfrutando de la copia, de la interpretación, en lugar de experimentar las emociones directamente de su fuente, aquello que algún día nos movió y nos tocó el corazón.

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=sgDr7IhHajc

 

Tres retos para nuestra sociedad de aquí a 30 años

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Nadie duda que vivamos en una época de cambios. Sin embargo, al contrario de lo que muchos piensan, estos cambios no afectan principalmente al aspecto económico, sino a muchos más aspectos de nuestra vida diaria. Ahora que sabemos que nuestro estilo de vida no funciona en muchos campos estamos definiendo cómo queremos queremos funcionar a partir de ahora. En este artículo he identificado tres tendencias:

–          Pasar de la saturación al vaciado: En los últimos tiempos hemos consumido hasta la saciedad y estamos embotados a todos los niveles:  tenemos los armarios llenos de ropa, las estanterías rebosante de libros, la casa de artículos de tecnología que se vuelven anticuados al poco tiempo, las habitaciones de los niños con juguetes que no podemos ordenar… Hay una sensación de hartazgo genérico que hace que ansiemos un estilo de vida más ligero. Actualmente ya necesitamos desprendernos de toda esta carga de material superfluo  que nos satura físicamente y mentalmente, y que además nos hace consumir excesiva energía ya que todos esos elementos debemos colocarlos, clasificarlos y gestionarlos, se convierten en una rémora para nuestro día a día.

Esta saturación pide un estilo de vida con casas más pequeñas, con menos muebles, más flexibles que permitan espacios polivalentes, con menos pertenencias propias. Son viviendas que acojen a personas con un estilo de vida diferente, que gusta de no tener un domicilio fijo, sino que se localizan según los proyectos en los que tengan que trabajar. Este tipo de viviendas están preparadas para que sus habitantes trabajen allí y sean alquiladas u ofrecidas de intercambio cuando sus propietarios deciden viajar. Son casas que cada vez más funcionarán con sistemas de energía renovables, que aprovecharán sobre todo la energía solar para generar su propio abastecimiento.

Esta tendencia hacia el aligeramiento también se ve ya plasmada en la alimentación. Hay una gran voluntad de cuidar la alimentación para evitar enfermedades mortales. No sólo pueden funcionar los alimentos como elemento preventivo sino que también son parte de un nuevo estilo de vida que intenta consumir lo justo y los productos adecuados que necesita el cuerpo para funcionar óptimamente. Cuanto más exceso de grasa o sobrecarga tiene que soportar el cuerpo (sobrepeso), más energía necesita para moverse, para realizar las digestiones y para sintetizar alimentos. Estamos de camino a un proceso total de ahorro de energía en todos los sentidos.

–          Pasar de la individualidad a la conexión. Nuestra manera de vivir ha sido hasta ahora muy individualista a todos los niveles: haciendo un uso abusivo de los recursos naturales, la manera en que hemos explotado y oprimido al resto de los seres vivos, el modo en que nos hemos relacionado con otras personas, los valores y los objetivos con los que hemos funcionado hasta ahora. La crisis o el cambio ahora nos está dando una nueva oportunidad para conectarnos al mundo de otra manera. Como por ejemplo, explorando las diversas oportunidades para realizar proyectos conjuntos con otras personas, el modo en que se intenta racionalizar los recursos de la naturaleza, la instauración de una producción agropecuaria “eco” más respetuosa con los ritmos de los animales y las verduras y frutas de los que nos alimentamos, participando en proyectos para que salgan adelante sin pedir nada a cambio, buscando un cambio de relaciones personales que permitan reconectarnos a todos los niveles. Un nuevo sistema de conectividad que alcanza también a la tecnología con la explosión de las redes sociales y el Internet de las cosas que conecta todo tipo de dispositivos a Internet.

–          Pasar de la complejidad a la simplicidad. En esta época de cambios, inconscientemente estamos abocados a pasar de la complejidad a la simplicidad, a volver a los pequeños placeres, a las metas sencillas, a un estilo de vida sin grandes expectativas pero acorde con un ritmo sostenible para la vida familiar y que permita el cultivo de amistades. Con este objetivo en mente volveremos a realizar trabajos que antes externalizábamos, como el cultivo de algunas hortalizas en pequeños huertos urbanos, la cocina casera, el arreglo y reutilización de piezas y artículos estropeados, los desplazamientos en otros medios de transporte que no sean los coches donde el tiempo adquiere otra dimensión.

Gracias a esto es posible que recuperemos aficiones que ya teníamos olvidadas y que consigamos el tiempo para las cosas importantes como estar con los hijos, tener conversaciones interesantes con el tendero del barrio y ver pasar el tiempo dejando que el trabajo y su estrés pase a un segundo plano.

Con esta manera tan complicada de funcionar que hasta ahora hemos tenido pienso que nos habíamos olvidado de lo más importante que es vivir. Es posible que una de las buenas consecuencias de toda esta crisis es que se nos esté brindando una nueva oportunidad para reenfocar la vida. Quizás así podamos desaprender hábitos y estilos de vida poco saludables y reencontremos de nuevo el camino de la felicidad.

El Internet de las Cosas: Contenidos, plataformas, TV y nuevos tipos de espectadores

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En el último CISCO CES quedé impactada por la cantidad de posibilidades que ofrece el nuevo UX open Videoscape Snowflake, la nueva plataforma interactiva de contenidos audiovisuales de CISCO.  Tal como se presentó en el evento, la plataforma crea una nueva experiencia de visualización de vídeos y películas ya que está creada siguiendo la filosofía del Internet de las Cosas (Internet of Everything IoE).

El Internet de las cosas conecta a la red aplicaciones, smartphones y sistemas informáticos de cualquier tipo con el fin de crear flujos de información conectados, ahorrar tiempo con la integración de datos, generar big data para la toma de decisiones y crear un espacio de filtración y selección de la información. El objetivo final es que los usuarios puedan tomar mejores decisiones en muchos aspectos de su vida. Siguiendo esta filosofía, el formato audiovisual y de lenguaje de programación de la plataforma de videoscape Snowflake, permite enriquecer el contenido con etiquetas, mostrando por ejemplo, mientras se está viendo la película quién es el diseñador del vestido de la protagonista y un enlace de la tienda online donde adquirirlo. También es posible localizar geográficamente los lugares en que ha sido rodada y visualizar únicamente las partes basadas en este punto en concreto. Además, al poderse conectar con el sistema domótico de un hogar, crea de un modo automático un ambiente idóneo en la habitación donde se quiere ver la película: rebajando la potencia de la luminosidad, cerrando la puerta o bajando las persianas de la habitación. Sin embargo, el mayor potencial lo ofrecen las posibilidades del formato enriquecido con etiquetas html5. Además de aplicaciones de contextualización, también es posible añadir juegos, apps sociales, noticias relacionadas, definiciones y anotaciones históricas y mucho más. En resumen, este tipo de plataformas son las precursoras del próximo “Internet” audiovisual.

Frente a estos avances, también oigo que cada vez más personas pasan una gran parte de su tiempo viendo la televisión. En España, según un estudio de la Asociación para la investigación de Medios de Comunicación (AIMC) el consumo de televisión sobrepasa al de otro tipo de medios, como el digital, sobretodo en población de más de 45 años.

Según Grant McCracken, un antropólogo cultural que participó en un estudio de Harris Interactive sobre hábitos de consumo de televisión, como vivimos en un mundo con gran cantidad de estímulos compitiendo por nuestra atención constantemente, devorar televisión se ha convertido en una vía de escape. “Fue como una iluminación oír que las personas entrevistadas decían: “Mira, precisamente porque vivimos con tantas distracciones, devorar televisión se convierte en un placer especial” comenta McCracken.  Sin embargo, en España según la AIMC las tendencias de mayor consumo de la televisión, no sólo obedecen a utilizarla como descanso mental, sino también al incremento del envejecimiento de la población, a sus hábitos de consumo y a la situación de desempleo de muchos ciudadanos que utilizan la televisión para ocupar su tiempo libre.

Entonces me pregunto, ¿tendrá éxito una nueva manera más compleja de visualización de vídeos como la que ofrece el Internet de las Cosas? ¿Hay usuarios potenciales para este nuevo tipo de plataformas sobre todo en España?

Si vemos las tendencias de consumo audiovisual analizadas por eMarketer, en EEUU por primera vez este año, el tiempo medio diario de los adultos destinado a medios audiovisuales sobrepasará a la TV (pasarán 5 horas online a través de sus dispositivos móviles o con otras plataformas digitales frente a unas 4 horas y media de visión de televisión). El estudio de medios de comunicación de la AIMC y el informe de la Sociedad de la Información en 2012, demuestran que en España en dos años se ha incrementado el consumo de visionado de películas y vídeos por Internet en un 41,4%. Los jóvenes comprendidos en la franja de edad entre los 16 y los 24 años continúan siendo los usuarios más intensivos de Internet. La franja de edad en la que más crece el acceso a Internet es la situada entre los 55 y los 64 años, que ha pasado de una penetración del 37,7% en 2011 al 43,7% en 2012, curiosamente la misma franja de edad que manifiesta ver más la televisión, por lo que parece que hay una migración de preferencias de consumo.

Lo que es obvio que hay una gran diferencia entre ver vídeos y películas desde plataformas móviles y desde la TV. Mientras que el vídeo través de tablets y smartphones se va convirtiendo en cada vez más social, la televisión se queda para programas más lineales, menos interactivos. A pesar de que las televisiones van haciendo esfuerzos por fomentar la interactividad y su sociabilidad virtual, ver televisión, es cada vez más una vía de escape de un mundo cada vez más exigente con nuestra atención y la propuesta  de un ocio simple, sin grandes complicaciones.

Los usuarios del Internet de las Cosas ya están aquí. Son los jóvenes que pasan un 85% de su tiempo conectados. Además paulatinamente con estas preferencias se van incorporando hombres y mujeres de entre 30 y 45 años. Grandes consumidores de contenidos de Internet ya que pasan gran parte de su tiempo allí buscando información y comprando productos, viendo vídeos, interactuando en las redes sociales, creando su propio material audiovisual y compartiéndolo desde cualquier lugar. Un sector de la población que tiene a Youtube e Instagram entre las tres primeras redes sociales favoritas. Estos nuevos usuarios no se conforman con consumir pasivamente, quieren dejar su huella y buscan su identidad dentro de la interacción virtual. Por esta razón en cualquier lugar realizan fotos, vídeos, consultan, compran y consumen desde su smartphone o desde su tablet. Estoy segura que este tipo de personas más acostumbrado al mundo de Internet, rico y de multi capa, rápido e inmediato, accesible desde cualquier lugar, que les permite participar y dejar su huella en el mundo virtual querrán tener un nuevo entorno afín a sus preferencias. Son los futuros usuarios de este nuevo “Internet” audiovisual. Estaremos expectantes para ver qué plataforma se lleva finalmente el gato al agua y maneje el big data que todo el mundo quiere.

Crédito foto: Nokia_N8 Flickr

La ciudadanía inteligente toma las riendas de Barcelona

Ciudanía inteligente

En esta nueva economía están apareciendo conceptos que definen cómo la sociedad se está configurando. Uno de los términos que han surgido recientemente es la inteligencia colectiva asociada a la idea de Smart City. Smart city o ciudad inteligente es aquella que hace una apuesta por proyectos y soluciones que utilizan las tecnologías de la información e infraestructuras limpias para apoyar una gestión urbana eficiente, incrementar la participación urbana y promover la sostenibilidad.

El concepto de ciudadanía inteligente está estrechamente vinculado a estas ciudades que se reinventan.  El papel protagonista lo representan los ciudadanos implicados en el diseño y la transformación del lugar donde viven. Así están teniendo lugar proyectos donde las personas generan información valiosa, aplican su conocimiento para solucionar  problemas comunes y generan redes de apoyo.

Barcelona es un ejemplo de cómo esta ciudadanía inteligente desarrolla actividades y hacen de la ciudad un lugar más amable para vivir. Aquí hago una breve recopilación de algunas iniciativas que me han parecido interesantes y que intentan aportar soluciones a algunos de sus problemas como son: el desperdicio de alimentos cuando hay gente sin poder comer, la integración de personas en riesgo de exclusión social, la generación de espacios verdes autogestionados, la recuperación del patrimonio inmaterial para el visitante y la formación para la reutilización de materiales:

–          Confianza Solidaria. Asociación sin ánimo de lucro que crea una red vecinal de ayuda y distribución de alimentos. La asociación hace un llamamiento a dar el máximo de vida útil a la comida, con el fin de que no se desperdicie cuando hay personas sin poder comer. Esta entidad hace un “rescate” de alimentos en comercios, restaurantes e instituciones del barrio para distribuirlos entre familias de clase media que no tienen recursos. Los receptores se convierten al mismo tiempo en colaboradores de la entidad. Cuenta con sedes en varios barrios de Barcelona.

–          Hidden city tours. Rutas por Barcelona de la mano de “los sin techo”. Esta empresa ofrece una nueva manera de ver la ciudad. De la mano de las personas que más tiempo han pasado y vivido en sus calles ofrece una manera diferente de visitar la ciudad.

–          Huertos urbanos. Barcelona, desde 1986 cuenta con espacios dedicados a que personas mayores de 65 años, familias en riesgo de exclusión social y otro tipo de colectivos puedan disfrutar del cultivo de sus propias verduras. Esta iniciativa tiene como objetivo realizar una labor social en los distritos ya que favorece el contacto entre los vecinos, les permite ocupar su tiempo y hacen su papel en la educación ambiental de los colegios del barrio. Además reactivan solares en desuso que se encuentran en el centro de las ciudades. Estos huertos urbanos tienen lugar en parcelas de entre 25 y 40 m2 y se cultivan hortalizas, verduras, plantas aromáticas y flores de temporada.

–          Invisible maps. Una iniciativa para localizar y hacer visible el patrimonio inmaterial de la ciudad de Barcelona. Este proyecto quiere crear una nueva forma de visitar la ciudad, destacando los hechos y las ciudades que han marcado las experiencias personales de sus ciudadanos. A través de códigos QR cualquier persona podrá dejar sus experiencias grabadas en diferentes formatos que serán descodificados a través de lectores QR de smartphones. La idea es geolocalizar en diferentes lugares de Barcelona vivencias y hechos importantes de la ciudad.

–          Millor que nou. Talleres de upcycling o de renovación y reutilización de todos aquellos productos que no se utilizan pero que tienen calidad para continuar ser convertidos en otros artículos. El objetivo de esta página web es ofrecer información de tiendas, mercados de intercambio y ferias donde vender o hacer trueques de todo tipo de artículos y además ofrecer formación, herramientas y apoyo para transformarlos.

–          Pla “Buits Urbans”. El Ayuntamiento de Barcelona, a través de este plan quiere dar un uso útil ciudadano a solares que se encuentran actualmente vacíos y en desuso. Para ello hizo una llamada a entidades vecinales y asociaciones sin ánimo de lucro para que presentaran propuestas de utilización durante un año. Diversas asociaciones han sido las beneficiarias de estos solares que se dedicarán entre otras actividades a desarrollar huertos urbanos para personas en riesgo de exclusión social, iniciativas artísticas para grafitteros, parkings gestionados por personas con minusvalías, pistas de entrenamiento para skaters o talleres para niños y adultos.